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jueves, 21 de junio de 2018

Inteligencia Artificial y ética

La Inteligencia Artificial (IA) es, como todas las tecnologías inventadas por la humanidad, una herramienta para ayudar a hacer más cosas, más rápido, y mejor. Como todas las tecnologías, está al servicio de la humanidad. Pero, como también sucede con muchas tecnologías, puede estar en contra de la humanidad.

Lo que hace de la IA diferente de las otras tecnologías que pueden perjudicar a la humanidad es que, en este caso, tiene la potencialidad de tomar cursos de acción de forma autónoma. Hasta ahora, las tecnologías que podían usarse para perjuicio de la humanidad, como la energía atómica, necesitaban de intervención humana. La IA puede, conceptualmente, hacerlo sin mediar voluntad humana. Puede hacerlo por si misma.

La ética es una dimensión moral, y como tal, es una dimensión estrictamente humana. Las tecnologías no tienen ética. Quien tiene ética es quien las usa. Sin embargo, la IA puede llevar potencialmente a cabo acciones que, desde el punto de vista humano, no son éticas, y puede llevarlas a cabo de forma autónoma, es decir, sin intervención humana. Es claro que como raza humana no debemos permitir que la IA llegue a generar un curso de acción que perjudique a personas. El peligro está en que por ser una tecnología que es manipulada por humanos, siempre puede haber alguien que desarrolle IA que perjudique a personas. Pero este peligro, así, en abstracto, ya lo conocemos. También existe el peligro que un loco aprete un botón que dispare un misil que a su vez gatille una guerra nuclear que borre a la humanidad de la faz de la Tierra. La humanidad ha vivido con ese peligro por décadas. Solo que el fin de la guerra fría nos hizo olvidar que existe.

Entonces, ¿qué hacer con la IA? ¿cómo evitar que llegue a generar cursos de acción que perjudiquen a la humanidad, a un grupo limitado de humanos o a una persona en particular?

Creo que evitar, lo que se dice evitar al 100%, no lo podemos hacer. Pero sí podemos hacer cosas que limiten esa posibilidad, aunque no la anulen. De igual forma que pudimos llevar a cabo cosas que limitaron la posibilidad de una guerra nuclear, aunque no la eliminaron.

La IA va a generar grandes beneficios a la humanidad. Como todo en la vida, ante grandes beneficios hay grandes riesgos. Creo que la humanidad, como la especie que más ha evolucionado en la Tierra, al final siempre acaba por ser consciente de los peligros que le acechan y descubre la forma de combatirlos. Por ello, creo que la humanidad sabrá conjurar los peligros que trae consigo la IA, y a la vez sabrá sacar todos los beneficios que traerá consigo.

Alfredo Barriga 
Consultor en Estrategia Digital e Innovación, 
Profesor Facultad Ingeniería Vespertina UDP,

Ex Secretario Ejecutivo de Desarrollo Digital 
(Publicado en Estrategia) 

Colaboración público-privada para el mayor desafío de Chile en los próximos años

Para la próxima década la mitad de los puestos de trabajo que existen en Chile se verán directamente afectados por la revolución tecnológica. Ello requiere rápidamente poner en marcha un enorme esfuerzo de capacitación de la fuerza laboral y un cambio en la malla curricular y en la metodología de enseñanza en toda la educación.

Esta es una tarea que excede con mucho las posibilidades de un organismo público central como el MINEDUC. Se requiere del esfuerzo coordinado del Estado, la Academia y el sector productivo. Es este último quien va a sentir en primer lugar los efectos de la revolución tecnológica. Por ello, cuanto antes debe diagnosticar el efecto que ésta va a tener en su actividad. Las asociaciones gremiales tienen departamentos de estudio que pueden encargarse de descubrir cómo va a cambiar su sector, haciendo un levantamiento de competencias y habilidades necesarias, identificando las necesidades de capacitación, y entregando sus conclusiones para que se generen programas de capacitación de la actual masa laboral. Creo que la labor que está haciendo el Consejo de Competencias Mineras es un ejemplo a seguir por el resto de la economía.

La academia debe adoptar rápidamente el formato de los “MOOC” (Massive Online Open Courses) para cubrir esas necesidades de capacitación a costos bajos con buena calidad. Hasta ahora han estado bastante renuentes de hacerlo, porque ven una amenaza a su modelo de negocios. Pero las principales universidades del mundo ya están allí desde hace cinco años. El portal coursera.org, tiene más de 170 Universidades con más de 2.500 seminarios en línea, y ya han pasado por sus aulas virtuales más de 35 millones de alumnos. Es una forma validada de atender la demanda enorme por capacitación en nuevas habilidades.

El Ministerio de Educación tiene que ponerse las pilas y cambiar la malla curricular de toda la enseñanza básica y media, así como la metodología de aprendizaje. Es algo que se debe hacer en etapas, pero no puede esperar cuatro años más para empezar a hacerse. Debe comenzar por capacitar a las escuelas y liceos del país para que hagan el tránsito hacia la cultura digital que promueve los mejores aprendizajes. La Fundación Chile ya está en ello. Su modelo debe escalarse.

Por último, hay una serie de iniciativas privadas autónomas que pueden ser escaladas para apoyar en este esfuerzo. Una de ellas es “Mujeres Programadoras”, que cuenta con el respaldo de DUOC, Fundacion Kodea y el JP Morgan. Debería escalarse con apoyo del Estado. Lo mismo para fundaciones como FEDES, que van en la línea de trabajos que no están en tanto riesgo de ser suprimidos, como soporte informático, telecomunicaciones o cuidado de enfermos.

La labor por delante es gigantesca. Nadie sobra. El Estado puede ser el gran coordinador, pero deberá aprovechar todo lo que ya existe en vez de intentar una vía propia. El tiempo vuela, y las oportunidades también. Es de esperar que esta vez sí lo hagamos bien.

Alfredo Barriga Cifuentes
Consultor en Transformación Digital
Profesor UDP
Ex Secretario ejecutivo de Desarrollo Digital
Autor del libro “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida”
(Publicado en Estrategia) 

El Big Data puede convertirse en Big Brother

El gobierno chino implementará un sistema de “puntaje ciudadano” basado en la confiabilidad. Se llama SCS (sistema de crédito social) y consiste en un algoritmo que recoge información de comportamiento Online desde el punto de vista social, moral, político y financiero de más de 1.000 millones de chinos, con el objetivo de premiar al bueno y castigar al malo.

Está en marcha un “plan piloto” con millones de voluntarios. Todas las empresas del grupo Tencent (dueño de AliBaba) y otras grandes plataformas digitales de China están apoyando la iniciativa. Tiene aspectos muy positivos y otros muy negativos, al punto que casi dan susto.

En China no hay un sistema de información crediticio, lo cual deja fuera del acceso a tarjetas de crédito y créditos a cientos de millones de personas. La solución es ingeniosa y disruptiva: mediante algoritmos que procesan el comportamiento Online, se puede determinarla confiabilidad de una persona, y con ello otorgarle financiamiento. Una filial de AliBaba llamada Sesame Credit ya lo usa. Dentro de la información que se usa en el algoritmo están las multas de tránsito, el pago puntual de impuestos, y el tipo de compras que se hace habitualmente. Con toda esta información, el sistema podrá decir si se trata de un ciudadano inactivo en caso de que sólo compre videojuegos, o si se trata de un padre de familia responsable si en sus compras sobresalen los pañales y la comida para bebés.

Quienes obtengan un puntaje alto tendrán beneficios como el poder arrendar bicicletas o autos sin tener que dejar un depósito, o acceder a filas preferenciales en tiendas, bancos y hospitales.

El mismo concepto se utilizaría para valorar aspectos morales como la honestidad, el cumplimiento de la palabra, etc. La cosa se pone peluda cuando se extiende a la política. Es un sistema de control político de la población que pone en jaque las libertades. Es una herramienta peligrosa para actuales y futuras dictaduras. Pero la mayoría de los chinos está de acuerdo. Y es que China no conoce en su historia milenaria la experiencia de la democracia, y ve en este sistema solo una forma de mejorar su bienestar.

Creo que aquí hay una excelente herramienta que, bien usada, serviría para educar a los pueblos en los valores cívicos. Pero tiene el peligro de que las autoridades o las empresas lo usen con propósitos que coartan la libertad de elegir o de vivir de acuerdo con un proyecto de vida propio. Es como la energía nuclear: se puede usar para construir bombas que destruyen vidas o para tratamientos médicos que las salvan. Esperemos que prevalezca esto último.

Alfredo Barriga Cifuentes
Consultor en Transformación Digital
Profesor UDP
Ex Secretario ejecutivo de Desarrollo Digital
Autor del libro “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida”
(Publicado en Estrategia)

Economía de Ecosistemas

Internet ha traído una verdadera revolución en la economía, de la cual se enseña poco o nada en las carreras universitarias.

A través de Internet y de plataformas digitales como los smartphones, tenemos millones de productos por los cuales el consumidor no paga. Dentro de un smartphone hay un celular, una cámara de fotos, una cámara de video, un GPS, un reloj, una alarma, un cronómetro, una linterna, y miles de libros y películas… gratis. El modelo de negocios va por el lado de la publicidad, pero el consumo directo es sin costo, y la utilidad o excedente del consumidor es del 100%.

A través de Internet ha surgido ahora un nuevo modelo de negocios basado en ecosistemas. Un ecosistema recrea un mercado donde se juntan oferta y demanda en una plataforma digital, cambiando radicalmente la forma en que se lleva a cabo el negocio. Por ejemplo, Alibaba es un ecosistema. Hace retail, pero ni compra, ni almacena, ni vende, ni despacha. Cobra. Y mueve mucho, mucho dinero. Jack Ma, su fundador, presume de que el ecosistema de Alibaba será la quinta economía del mundo para 2036, y las cifras le dan la razón. Dentro de Alibaba ya hay medios de pago y créditos de consumo (de momento, solo en China), con lo cual efectivamente es una economía digital, con cientos de millones de consumidores.

Otro tipo de ecosistema es el de la economía colaborativa, como Uber o AirBnB. Ambos han creado millones de trabajos en todo el mundo, de forma que en muy poco tiempo su oferta ha superado la que existía antes de que se inventaran. En los lugares donde hay Uber y Cabify, son más los vehículos que ofrecen este medio de transporte que el tradicional taxi.

Hay aún un tercer tipo de ecosistema, que es el que están creando las criptomonedas como Bitcoin. Dejando aparte la posible burbuja especulativa que lleva varios años, el hecho es que se ha convertido en un medio de pago que funciona, con el cual se pueden comprar y vender productos y servicios en Internet, e incluso transferir dinero entre países, que es convertido a moneda local como cualquier otra divisa.

Mc Kinsey denomina a la economía de ecosistemas “Management’s next frontier”. Y es que, junto al potencial inmenso que tienen los ecosistemas, su creación y desarrollo pone a prueba a la gerencia para crear modelos de negocios donde se genera una propuesta de valor al cliente radicalmente mejor que la que existe en el mercado, a la vez que entrega beneficios claros a los que participan del ecosistema. Es una plasmación empírica de las teorías de John Nash sobre modelos de negocio de suma superior a cero.

Alfredo Barriga 
Consultor en Estrategia Digital e Innovación 
Profesor Facultad Ingeniería UDP
Ex Secretario Ejecutivo de Desarrollo Digital 
(Publicado en Estrategia)


Co-work y Transantiago

Estuve recientemente en uno de los muchos “co-works” que están surgiendo en Santiago, y me recordaron un proyecto que tratamos de impulsar en el anterior Gobierno de Sebastián Piñera, referido al teletrabajo. Entonces se llamaban Smart Center, pero era lo mismo: un lugar de trabajo cercano al domicilio con conexión a Internet, y todos los servicios apropiados para una oficina.

Recuerdo haber ido a hablar con el entonces alcalde de Puente Alto, José Manuel Ossandón, mientras la Ley se estaba elaborando para ser presentada al Congreso. Enfoqué la reunión en el perjuicio económico que era para su comuna el hecho de que miles de habitantes de ahí tuvieran que ir a trabajar a Santiago – aparte de la mala calidad de vida que significa el tiempo invertido en ir y volver en horas peak. Efectivamente, si esas personas tuvieran un espacio donde trabajar dentro de su comuna, por lo menos almorzarían allí, lo cual generaría un buen ingreso a restaurantes y supermercados de la zona.

El proyecto de ley se elaboró, y nos encontramos con un escollo verdaderamente tonto: un trabajador dependiente que trabaje en un lugar fuera del domicilio de la empresa necesita de un supervisor en el mismo lugar. Los Smart Centers tenían que acoplarse a la figura de “sucursal” de la empresa, lo cual encarecía innecesariamente la solución. Hablando con la entonces Ministra Matthei, ese problema se superó.

La ley se presentó en primer trámite, y allí quedó durmiendo el sueño de los justos.

Los co-work, que son la nueva modalidad de Smart Center, han encontrado un uso que no estaba previsto en esa ley porque no aplica: el mercado de los freelancers (trabajadores autónomos) y microempresas, como Start Ups o pequeñas consultoras. Hay más de 1,5 millones de personas en Chile trabajando por cuenta propia, aunque no todos son sujetos de hacerlo desde un co-work, puesto que trabajan en la calle. Pero el número es suficiente como para que se haya generado rápidamente una emergente industria que, sin lugar a duda, solo va a crecer más.

Sería interesante que, bajo el auge de estos co-work, se volviera a tomar la Ley de teletrabajo, para que cientos de miles, quizá millones de personas en todo Chile pudieran trabajar desde la comuna donde viven. Sin necesidad de inversiones del Estado ni de empresas como Metro, se ahorrarían cientos de miles de millones de pesos a los trabajadores, a la vez que se descongestionaría el Transantiago en las horas peak. La calidad de vida de esos trabajadores mejoraría ostensiblemente, y la economía de las comunas donde viven tendría un empujón.

Invito a esta iniciativa al ministro del Trabajo y a la ministra de Transportes. En vez de seguir tratando de resolver el problema del Transantiago aumentando la oferta de buses para horas peak, quizá sea mejor reducir la demanda de transportes. También a los contratistas de Transantiago les vendría mejor porque tendrían un uso más eficiente de su flota.

Alfredo Barriga Cifuentes
Consultor en Transformación Digital
Profesor UDP
Autor de “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida”

(Publicado en "Estrategia")

¿Importa el lucro en la educación?

Como padre de cinco – condición que no tiene ninguno de los diputados de la “bancada estudiantil” – me importa un bledo si hay o no hay lucro en la educación superior. Lo que no me gusta es el costo que tiene. Ni lo que les enseñan.

No hay lógica detrás de quienes piensan que la razón del alto costo de la educación superior es el lucro de las instituciones. El arancel de cualquier carrera en la Universidad de las Américas, por ejemplo - que pertenece a una empresa que cotiza en bolsa en EEUU - es inferior en todos los casos a las equivalentes en la Universidad de Chile – que recibe el mayor importe de aporte basal entregado a una Universidad en el país.

Tal como expongo en mi libro, el incremento del costo en la educación superior es un fenómeno mundial derivado de un fuerte incremento en la demanda de “cartones”. Por lo tanto, suben los precios: de las Universidades privadas (con lucro) y de las estatales (sin lucro). Basta ver el precio de los aranceles de unos y otros para corroborarlo. Pero eso es algo que quienes desean a toda costa convertir este debate en uno de economía, en vez de uno de educación, no quieren ver. En su afán de desacreditar “el sistema”, se lanzan a culpar al lucro de todos los males de la educación.

Más importante que eso es la formación que necesitan los estudiantes para insertarse en la sociedad que les va a tocar vivir antes de diez años. El modelo educacional que tenemos en el mundo desde hace siglos va a ser disrupcionado rápidamente por las necesidades urgentes que tendrán todas las empresas y organizaciones, que son quienes contratan a los egresados de las Universidades. Egresados que – no lo olvidemos – acuden a las Universidades en busca de un título que les de mayores oportunidades laborales.

Las mejores Universidades del mundo están cambiando sus paradigmas para resolver la encrucijada en que se encuentran. Por ejemplo, Harvard y el MIT generaron hace 5 años Edx.org, donde piensan subir todas las clases de todas las asignaturas de todas las carreras de ambas Universidades para llegar a 1.000 millones de alumnos… gratis. La monetización del modelo viene por el lado de la acreditación. Pero para acreditarse, el alumno no tiene que pasar 5 años en el campus. Tiene que hacer una tesis de grado y presentarla presencialmente. Eso lo toma a lo sumo una semana dentro del campus. Con ello, la Universidad aumenta la rotación del campus desde 0,2 veces al año (considerando 5 años para una carrera) a 52 veces. El costo de la carrera se puede bajar en un 90% y, aun así, ganar dinero. Mucho dinero.

Por otra parte, muchas empresas que ya están inmersas en la nueva economía están tomando cartas en el asunto directamente, generando cursos de capacitación Online, desde donde luego reclutan los profesionales que necesitan. 

Esto se va a masificar y la demanda por títulos universitarios se va a desinflar.
Por lo tanto, lejos de seguir metidos en una discusión del siglo 20, todos deberíamos concentrarnos en el siglo 21 y decidir qué vamos a hacer frente a las disrupciones que van a venir, con una educación superior personalizada, de mejor calidad y de mucho menor costo que lo que hay actualmente.

Y, como padre de cinco, eso es lo que quiero para mis hijos. Lo que discuten ahora en el Congreso no me interesa.

Alfredo Barriga Cifuentes
Consultor en Transformación Digital
Profesor UDP

Autor de “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida”
(Publicado en "Estrategia")

sábado, 13 de enero de 2018

Por qué las empresas de tecnología son las más valiosas del mundo en Bolsa

Las tres empresas más ricas del planeta por capitalización de mercado son Apple, Google y Microsoft. Tienen dos cosas en común. Una es bastante obvia: son de tecnología. Pero no es por eso que son las más valoradas del mercado. La verdadera razón es que tienen una filosofía común: son empresas inclusivas. Y estoy usando el término en el mismo sentido en que lo emplea el libro “Por qué fracasan los países”. En los próximos diez años, se podrán aplicar los mismos conceptos para explicar “por qué fracasan las empresas”.

¿Y por qué fracasan? Porque son extractivas. Una pequeña porción de su personal recibe grandes rentas mientras que la mayoría no se beneficia de lo bien que le vaya o no a la empresa. El resultado es baja motivación, que lleva a baja productividad, que lleva a baja valoración de mercado.

Cien años atrás, Henry Ford decía: “tengo que pagar bien a mis empleados para que puedan comprar mis autos”. Sentido común. El caso es que podía pagarles bien porque había incrementado radicalmente su productividad mediante la línea de montaje.

Treinta años atrás, Bill Gates se dijo: tengo que hacer accionistas de mi empresa a mis empleados para que les interese el valor de lo que crean. Sentido común una vez más. Solo que en este caso no se trataba de mejorar la productividad mediante un sistema externo a los trabajadores, sino mediante uno interno: la inclusividad.

Las empresas de tecnología son esencialmente “empresas de neuronas”. Lo que les da valor son aquellas cosas “absurdamente geniales” que pedía Steve Jobs y que llevaron a Apple a generar la utilidad más alta de la historia. Son por su esencia empresas del conocimiento. La Sociedad del conocimiento ya ha triunfado, y esas tres empresas que lideran la valoración de mercado son la demostración de ello. Las demás empresas deben aprender donde está hoy el dinero.

El desarrollo y supervivencia de las empresas dependerá de cómo capte talento y lo ponga a trabajar. El valor ya no depende de una máquina que se compre fuera, ni de una plana gerencial por muy buena que sea. Apple, Google y Microsoft buscan tener el “equipo A”, donde todos son buenos y están directamente involucrados en el valor de mercado de su empresa, porque son accionistas. Son empresas inclusivas.

Todavía no conozco ninguna empresa así en América Latina.

Alfredo Barriga 
Consultor en Estrategia Digital e Innovación 
Profesor Facultad Ingeniería UDP

Ex Secretario Ejecutivo de Desarrollo Digital