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martes, 18 de marzo de 2008

Permitanme Soñar

¿Cuál sería el Producto Geográfico Bruto de Chile si todos trabajaran en lo que más les gusta y en lo que mejor capacitados están? ¿No sería realmente un país maravilloso para vivir? Un país donde las personas podrían realizarse profesionalmente, y aportar al engrandecimiento de la sociedad en la que viven dando lo mejor de sí mismos.

Veo la cara escéptica de tantos… “¡imposible! Eso es un sueño sin ninguna posibilidad de llegar ni de cerca de ser realidad”. Me recuerda la frase que hizo famoso a Robert F. Kennedy (aunque creo que es original de Bernard Shaw): “hay personas que ven las cosas como son y preguntan ¿por qué? Yo veo las cosas que nunca fueron y pregunto ¿por qué no?”

¿Que hay detrás de mi propuesta imposible? Información y procesos. La herramienta para ayudar a conseguirlo son las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC).

La forma de conseguirlo es, en primer lugar, proponiéndolo como política de Estado. Que ninguneen los pesimistas de siempre. Que digan frases sarcásticas los agoreros promotores de la mediocridad como forma de ser país. Me da igual. Este espacio es para soñar, y promover esos sueños para que se hagan realidad. Un país sin sueños que perseguir es un país acabado, plano, sin destino. Así pues, lo escribo, lo propongo, lo promuevo: conseguir que cada chilena, cada chileno, esté trabajando en aquello que más le gusta y para lo que tiene más capacidad.

En segundo lugar, teniendo el coraje de cambiar todo lo que se necesite cambiar - y es mucho – para conseguir el objetivo. Las TIC son una herramienta, no una varita mágica. Son necesarias, pero no suficientes. Pero la voluntad política por si misma, sin las TIC, queda en eso solamente: en voluntad. No en realizaciones.

No van a ser los recursos naturales en los que somos más competitivos los que nos van a llevar al desarrollo. Son los recursos humanos los que hacen la diferencia, y siempre la han hecho. El mayor despilfarro de recursos en Chile lo constituyen los talentos con los que las chilenas y chilenos nacen y que nunca tienen oportunidad de desarrollarse. Eso es medible en dinero. No se cuanto es, pero me queda claro que es mucho, mucho dinero. Creación de valor y riqueza que no sale a luz simplemente porque no hay lugar para la persona correcta en el momento correcto en el lugar correcto. ¿Qué hay detrás de esas coordenadas? ¡Información! De habilidades más que de logros, de talentos más que de curriculums.

Necesitamos readecuar totalmente nuestro sistema educativo para que sea capaz de recoger el gran reto: desarrollar la persona que hay detrás de cada chilena, de cada chileno. Necesitamos readecuar nuestra política de empleo para que sea capaz de recoger el gran reto. Fuera con el modelo basado en presencia en puesto de trabajo, adelante en un modelo basado en aplicación de talentos. En impulsar el teletrabajo donde se pueda. En trabajar en redes donde se pueda. En armar equipos. En estimular la mente. Atrás la mentalidad de “funcionario”, público o privado. Adelante con una mentalidad emprendedora para todas y todos.

Creo en un Estado impulsor de la persona. No creo en un Estado manejador de la persona, ni en un Estado paternalista. Creo en que las personas son, en general, buenas y con buenas intenciones, y que éstas se proyectan si tienen los estímulos correctos. Creo en un Estado propulsor de estímulos correctos más que de “gran hermano” controlador de que nadie haga nada malo.

¿Cómo se lleva a cabo todo esto? Trabajando en equipo con mentalidad abierta, dispuestos a creer que se puede hacer, que es el primer paso para conseguir hacer. En cuanto al detalle de cómo hacerlo… bueno, esto es un artículo de opinión, no un Tratado. Las TIC que están detrás son archiconocidas. Lo innovador sería la forma de usarlas. Bases de datos. Plataformas colaborativas. Sistemas de Workflow. Datos sobre la persona que la acompañan desde que comienza su educación, orientadas a que pueda conocer y potenciar sus habilidades y preferencias. El gran paradigma de las TIC es que permiten tratar masivamente a cada uno como si fuera único. Y eso supone que ha llegado la hora de defunción a las políticas de homogeneidad (que por lo general aplanan para abajo) y le ha llegado la hora a las políticas de singularidad. Todos somos semejantes, pero todos somos singulares. Y en desarrollar esa singularidad está el secreto a tener una nación más competitiva, más productiva… y más feliz.

Los norteamericanos pusieron hace más de 200 años en su Declaración de Independencia que es una verdad autoevidente el derecho de las personas a la búsqueda de la felicidad[1]. Es mi opinión que parte esencial de esa felicidad es tener la oportunidad de emplear las habilidades con las que el Creador ha dotado a cada persona, y que al hacerlo de esa forma la Nación entera optimiza su capacidad de bienestar. Porque nos crearon “ut operaretur”, para trabajar. Y es de sentido común (una verdad autoevidente, como diría la Declaración de Independencia de Estados Unidos) que si se trabaja en aquello que naturalmente se es más hábil y más gusta, se conseguirá una mayor satisfacción personal y un mayor bienestar general.

Invito a todos quienes tienen el bien de las personas de este país en el corazón a sumarse a “ver lo que nunca fue y decir ¿por qué no?”


[1] “We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable rights, that among these are life, liberty and the pursuit of happiness.”

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