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domingo, 2 de marzo de 2014

Cómo cambiarán las tecnologías disruptivas a la Economía, la Sociedad y el Estado

En julio del 2013 publiqué un breve artículo sobre el informe de Mc Kinsey Global Institute "Disruptive technologies: Advances that will transform life, business, and the global economy", donde además de enumerar las tecnologías disruptivas calculé que el impacto económico sería de entre 1 y 2 veces el actual PIB de Estados Unidos, y señalé algunos pocos ejemplos. Me faltó mucho más que comentar, y pasados estos meses - donde, una vez más veo como esas predicciones se van cumpliendo a un ritmo incluso mayor que el previsto - quisiera traer a colación los efectos que estas tecnologías van a traer sobre la economía y sobre la Sociedad. Efectos que muestran con mayor fuerza cómo estamos saliendo de la Sociedad Industrial y estamos entrando de lleno en la Sociedad del Conocimiento. Efectos que muestran donde están las oportunidades y los desafíos de economías como la chilena, fuertemente ligada a la explotación de recursos naturales.

El PIB ya no mide la riqueza

Una de las consecuencias más importantes de la irrupción de las nuevas tecnologías disruptivas tiene que ver con la medición del Producto Interior Bruto (que expresa el valor monetario de la producción de bienes y servicios de demanda final de un país (o una región) durante un período determinado de tiempo (normalmente un año). El cálculo del PIB se hace a partir de la valoración de todos los productos y servicios que produce una economía en un año. El PIB no contabiliza por lo tanto el llamado excedente del consumidor (que se define como la ganancia monetaria obtenida por consumidores toda vez que pueden comprar un producto en un precio definido por el Mercado que es menor que el precio más alto que están dispuestos a pagar). Nunca antes en la historia había ocurrido que dicho excedente fuera del 100% sobre el precio del mercado debido a que el precio de mercado es cero. Y eso es lo que está trayendo la Economía en Internet. 

Por ejemplo, tomemos el caso Kodak, que recientemente quebró. La valoración de lo que Kodak producía (rollos de película para fotos) fue desmaterializado por las cámaras digitales. El valor de dicha producción (que entraba en el PIB) ya no aparece, puesto que las fotos no quedan en el film, sino en dispositivos digitales. Para entender las implicaciones de este fenómeno, imaginemos que en un país solo se consume fotografía. Su PIB medido con los medios tradicionales desaparecería (no hay rollos de película), y sin embargo, las fotografías siguen existiendo (de hecho, la evidencia empírica muestra que han aumentado exponencialmente, debido a que el costo del material sobre el cual va la foto tiene un costo marginal ínfimo, aumentando la demanda). ¿Pero, desapareció el PIB?



Veamos el caso de los smartphones. Recientemente recibí la imagen de al lado, donde se ve un anuncio de Radio Schack del año 1991 (¡no hace tanto!) En la imagen se dice que todos los artículos allí anunciados hoy están gratis en un smartphone... pero eso no es todo.


Añado que además hay otros productos gratis que hasta ahora había que comprar aparte y que ni siquiera se vendían en 1991(como un GPS), y otros que no son del catálogo de Radio Shack y que están igualmente gratis en el smartphone  (como una consola de juegos). Y por último, añado el acceso a un sinfín de contenidos gratis por los que antes había que pagar (revistas, prensa, películas, libros, cursos de formación...)


Antes de que existiera el iPhone (o sea, hace escasamente 7 años), todos esos productos y servicios tenían que ser manufacturados, y por lo tanto tenían un precio que se contabilizaba en el PIB. Ahora no tienen dicho precio. Lo único que se contabiliza en el PIB es el precio del smartphone y el precio mensual de plan de telefonía móvil. ¿Se "destruyó" PIB? Contablemente puede que sí, pero funcionalmente, no. Los bienes y servicios siguen existiendo, incluso con mayor valor agregado que antes. Los productores de esos bienes y servicios de sustitución cobran por ellos, directamente o indirectamente (vía publicidad en el caso de muchas aplicaciones y la mayoría de los contenidos a los que se accede desde el smartphone). La diferencia se traspasó 100% como excedente del consumidor, que no se mide en el PIB. 

Por supuesto, la pregunta del millón es qué pasa con ese valor. ¿Puede una economía sostenerse sin cobrar nada por sus servicios y productos? La respuesta es obviamente que no. ¿Donde está el valor entonces? Cambió de naturaleza y de lugar. En otro informe de Mc Kinsey (Internet matters: The Net's sweeping impact on growth, jobs, and prosperity) se muestra cómo la Economía de Internet es, desde hace muchos años, de lejos la más pujante del planeta, creciendo a dos dígitos año tras año, superando el PIB de Canada en apenas 20 años de existencia, y creando 2,6 puestos de trabajo por cada uno que destruye. El PIB medible está en la producción de servicios y productos de esa nueva economía, que es capaz de crear -paradójicamente - mayor riqueza con menos dinero, debido a la reducción exponencial de costos de producción y a la creación de un mercado global de 2 mil millones de consumidores al cual se tiene acceso inmediato. En definitiva, en Internet el PIB no mide la "calidad" de riqueza y bienestar creados por actividades económicas, puesto que con un PIB mucho más bajo se puede tener un bienestar mucho más alto, debido al costo de los factores, exponencialmente más bajos. 


En la medida en que la Economía en Internet en un país sea una proporción mayor de la economía total del país, se puede dar por lo tanto la paradoja de que el PIB decline y sin embargo las personas vivan mejor. 


Esto no es solo lo relacionado con Internet, como lo demuestra el informe de Mc Kinsey sobre las 12 tecnologías disruptivas. Por cierto, todas esas tecnologías tienen una cosa en común: la disrupción consiste en que su aplicación da un resultado exponencialmente más alto que en la actualidad, con un costo exponencialmente más bajo que en la actualidad. 


Ello supone que costos de salud, educación, energía, agricultura, minería, transporte, construcción, electrónica, servicios financieros, medios de comunicación, laboratorios, y una larga lista adicional, van a bajar sustancialmente, gracias a tecnologías como automatización de trabajos del conocimiento (una enorme cantidad de trabajo que hoy se hace por personas - incluso trabajos intelectuales - serán hechas por máquinas), Internet de las cosas (uso eficiente del agua y de la energía, salud remota), robótica avanzada (reducción de costos de manufactura, minas sin mineros, cirugía), vehículos autónomos (transportes sin conductores), genómica de siguiente generación (tratamiento de enfermedades, mejora en cosechas), materiales avanzados (nanomedicina, almacenamiento de energía, química mejorada) o energía renovable alternativa (generación distribuida de electricidad). La inteligencia artificial reemplazará trabajos de alto valor que hoy se contratan, y esas personas pasarán a desempeñar otras funciones. Recientemente, una empresa de inversiones de Hong Kong contrató como Director ¡a un algoritmo! Cuando les preguntaron por qué, dijeron que 
tomaba mejores decisiones de inversión que todo el Directorio junto. Eso implica que el reemplazo de funciones realizadas por personas, por parte de las máquinas no va a afectar solo a los trabajos rutinarios de personal poco cualificado, sino también a trabajos más ejecutivos: 




El trabajo dependiente es reemplazado por el trabajo independiente, y las actividades rutinarias se desagregan de los puestos de trabajo


La Sociedad Industrial creó de forma masiva el trabajo dependiente, porque el centro estaba en la fábrica, y para hacerla producir había que estar allí mientras estuviese funcionando. Para llevar a cabo las actividades propias de la empresa se necesitaba la coordinación de muchas personas con un rol específico, que eran contratadas bajo un criterio de presencia en el lugar de trabajo. 


En la medida en que las labores presenciales se puedan automatizar, no es necesaria la presencia de las personas en el lugar de trabajo. Las nuevas tecnologías, por otra parte, están trayendo consigo una súper especialización del trabajo, por lo cual son cada vez más las actividades que pueden ser realizadas por personal que no está "en plantilla", trabajando exclusivamente para una empresa. De hecho, el "sector" que más puestos de trabajo ha creado últimamente es el sector "autoempleo". Si se tomara como un sector aparte, es el que más trabajo crea en una economía como la chilena, como ilustraba en otro artículo. Doy fe con mi propio caso de que esta es una opción fascinante. 


La comentada automatización masiva de actividades productivas y administrativas, incluso de actividades de alta complejidad, van a cambiar la naturaleza del trabajo desde uno dependiente a uno independiente, con una gran creación de trabajo en actividades que hasta ahora no se hacían. ¡Los 10 trabajos más demandados en 2010 no existían en 2004!

En otro estudio de Mc Kinsey ("Help wanted: The future of work in advanced economies") se concluye en los mismos términos: las tecnologías están cambiando la naturaleza del trabajo. En la medida en que las empresas redefinen cómo y donde las diferentes actividades se llevan a cabo, requieren de nuevas habilidades y de nuevas relaciones empleador-empleado. A pesar de los altos índices de desempleo, los empleadores tienen dificultades para encontrar trabajadores con las competencias que se requieren en la actualidad. La globalización está permitiendo a dichas empresas acceso a talento a menores costos, pero también a una creciente necesidad por trabajadores más cualificados. Los trabajos menos cualificados están desapareciendo debido a la automatización. Los trabajos que se crean en el sector manufacturero tienen más que ver con investigación y desarrollo, diseño de producto, ingeniería, y marketing. Se están "desagregando" los puestos de trabajo, separando actividades rutinarias que no requieren alta cualificación, las cuales se automatizan o reasignan a trabajadores especializados (Pág. 3). 

Va a haber traspasos de gigantescos pozos de valor desde industrias tradicionales hacia industrias emergentes y como excedentes del consumidor

El caso de Kodak comentado arriba no es una excepción: en los últimos años varias industrias han sido víctimas de terremotos como el descrito, y en la medida en que estas nuevas tecnologías se desarrollen, más industrias tradicionales desaparecerán o deberán reinventarse. Esto es debido a que el valor que aportan las tecnologías crecen exponencialmente, mejorando su productividad debido a una mayor creación de valor a un costo radicalmente menor. 

Aparte de la industria de la fotografía, podemos citar los casos del sector de la prensa, la música, el cine, las telecomunicaciones, el turismo, el retail, las editoriales, o la banca. Y hacia un futuro no muy lejano, la educación, la salud, la minería, la biología, la química, la construcción, la energía, el transporte, los seguros, el Estado, y un largo etcétera. 

En todos los casos sucederá lo mismo: actividades que se hacían en la organización se automatizarán o se sacarán fuera de la misma, para ser realizados en otros países con menores costos. Los puestos de trabajo que se perdieron en la última crisis dentro de los países más desarrollados no se recuperarán: se fueron a países emergentes con mano de obra más barata. 

Las nuevas tecnologías están creando una nueva Sociedad con un nuevo papel para el Estado, la Academia y la Sociedad Civil 

Para administrar esta nueva "tecno-economía" será necesario contar con mucho talento, y muy especializado. No está claro que el actual sistema de educación superior tenga sentido en ese contexto. Por un lado, se va a requerir de personas formadas con nuevas habilidades y competencias continuamente, y de forma muy rápida. El sistema de acreditación de competencias en el cual se basa el actual modelo, orientado a certificar una malla de conocimientos por parte de un monopolio (la Universidad) y que acreditan que alguien es "agricultor", "ingeniero" o "arquitecto" dejará paso a una acreditación por cada competencia, que podrá o no ser hecho por una Universidad. De esa forma, las personas podrán generar una carrera personalizada a sus talentos y gustos, dando un salto enorme en el retorno sobre el talento, lo cual reforzará la mejora en la productividad comentada arriba. 

La noción de Estado-nación fue generada para un mundo cuya capa social y cohesión estaba fuertemente ligado alrededor de la territorialidad. Internet está destruyendo fronteras, no solo en lo que se refiere a actividades económicas, sino también sociales. Está emergiendo una conciencia de pertenencia global, aunque se manifieste virtualmente. Cada vez un mayor número de actividades quedan fuera de las fronteras de la Nación y del Estado, y por lo tanto, fuera del "contrato social" por el cual las personas transfieren soberanía al Estado. Eso plantea un enorme desafío hacia el verdadero rol del Estado a partir del siglo 21. 

La sociedad se está "aplanando" fuertemente. El acceso igualitario a información de todo tipo permite a la misma cuestionarlo todo, con argumentos de peso. Las nuevas tecnologías han acercado más a los gobernantes y los gobernados, pero paradójicamente ello le ha quitado poder a los gobernantes, que deben "bajar de su pedestal" para ponerse a la misma altura que los gobernados y ser objeto de un mayor escrutinio público. Se va a requerir de verdaderos líderes para la política en el futuro. Personas que sean capaces de inspirar y mover hacia objetivos compartidos por todos, muchos de los cuales los gobernados ni siquiera saben que necesitan. De lo contrario el tejido social, en la medida en que los gobernados tienen más poder, se puede resquebrajar y acabar en anarquía. Inspiradores en lo político al modo en que Steve Jobs lo fue en lo empresarial, soñando realidades para los consumidores que ni sabían que necesitaban, pero que una vez la tuvieron en sus manos, no podían vivir sin ella. Ese será el nuevo perfil del líder. Y de esos, hay pocos. 

Las políticas públicas deberán hacerse cargo de los nuevos desafíos. Así como en el Siglo 20 la prioridad fue el desarrollo industrial de las naciones, en el Siglo 21 va a ser el desarrollo y asignación eficiente del talento de las naciones. El "cobre" del siglo 21 es el conocimiento. Exactamente el punto que estoy trayendo a colación. 

La política misma va a sufrir un cambio. El tradicional eje derecha/izquierda tal y como ha existido durante todo el siglo 20 pierde sentido. Internet, por ejemplo, funciona con muchos de los valores tradicionalmente defendidos por la derecha (esfuerzo personal, emprendimiento, valor de la empresa privada) pero también hace realidad muchas aspiraciones de la izquierda (especialmente la de igualdad: dentro de la red todos somos iguales). Y el Estado, casi no existe... salvo para hacer trámites y cobrar impuestos Online

Los economistas - y los empleadores - tendrán que aprender a medir variables que hoy no se miden

La economía y la administración de empresas ha evolucionado muchísimo desde que comenzó la revolución industrial, pero esa evolución se ha estancado desde hace tiempo. En general se trabaja con variables medibles, y lo que está sucediendo con la irrupción del conocimiento como factor de producción y de productividad es que las variables medibles ya no explican totalmente los fenómenos macro y microeconómicos. La incorporación masiva de las nuevas tecnologías harán más patente que hay factores no medibles que son clave para la administración - sea de la economía o de la empresa.

"Ceteris paribus" como dicen los economistas, entre dos naciones o empresas con la misma infraestructura y stock de capital, será más competitiva la que tenga mayor creatividad. ¿Y cómo se mide la creatividad? ¿Cómo se mide el talento? 

Hace rato que los balances no reflejan el valor real de las empresas, especialmente de las más innovadoras. Dentro de un mismo sector, hay empresas con los mismos activos y pasivos que tienen un valor de mercado muy superior a sus competidores, gracias a su capacidad de innovación. Esa capacidad o "capital intelectual" es la parte más valiosa del valor de mercado de la empresa, pero no está en el Balance. 

Hay países emergentes cuyas economías han crecido más que países con más recursos, debido a su inversión en capital humano (que no forma parte de la "inversión bruta de capital"). En la medida en que el talento pase a ser "lo" relevante para el crecimiento económico y la creación de valor, será necesario incorporar la medición del mismo en los números, tanto en las empresas como en las cuentas macroeconómicas. No hacerlo va a llevar a la mala toma de decisiones, porque éstas se tomarán con variables que no explican la creación de valor. 

Desafíos para los países de América Latina

La Sociedad latinoamericana es fuertemente jerarquizada, por lo cual el "aplanamiento" descrito arriba le va a afectar muchísimo. Basa su economía fundamentalmente en los bienes tangibles, mientras que la creación de valor vendrá por el lado de los intangibles - destruyendo muchos puestos de trabajo que hoy están principalmente ligados a los bienes y servicios tangibles. No tiene una cultura de desarrollo y retención de talentos. En suma, están mal preparados para los desafíos del siglo 21. Lo que es peor, no es consciente de los desafíos del siglo 21. Sigue viviendo en el siglo 20, buscando "alcanzar el desarrollo" bajo los paradigmas de la Sociedad Industrial. Frente a los fenómenos de la economía digital, cree que solo está habiendo un cambio menor en las reglas del juego. Y lo que está cambiando es el juego mismo. 

Hay además un hecho histórico: todos los países de la región se crearon a comienzos del siglo 19, al alero de la revolución francesa y de la revolución industrial. Toda la región llegó tarde a la Revolución Industrial, y ningún país supo ni pudo transformarse en un país desarrollado. Países de Asia que estaban fuera, como Corea del Sur, lo consiguieron. Países de Europa que estaban fuera como España, lo consiguieron. Ninguna política pública ni económica le permitió entrar a ningún país de América Latina dentro del grupo de países desarrollados. 

Hay otro hecho histórico: nunca en la historia republicana de los países latinoamericanos les había tocado un cambio de era, como sí sucedió con los países europeos o los milenarios países asiáticos. Ahora es la primera vez. Ahora hay una segunda oportunidad de llegar al desarrollo. El pueblo latinoamericano ha sido históricamente muy ingenioso, y eso es un activo de cara al siglo 21. Pero si ese ingenio no se canaliza hacia el desarrollo de talento, volverá a perder el tren del progreso, como ha sucedido en los últimos 200 años.  

Alfredo Barriga
Publicado originalmente el 2 de marzo de 2014
Segunda Edición, el 22 de Enero de 2015

miércoles, 1 de enero de 2014

The tax issue in international e-commerce and cloud services

Ever since the World Wide Web was invented, new paradigms have come forward which have changed or challenged the status quo in business, economy, social relationships, politics, academy and practically every aspect of our lives. Some aspects have adapted and changed very fast, like social networking, while others have made small changes or none at all. In this last category, one issue which has been postponed worldwide once and again has been the taxation on sales done by an Online supplier of one country to a customer of another country. 

The US, through the Internet Tax Freedom Act under the Clinton Administration, established the first fiscal policy for the Online world. This law bars federal, state and local governments from taxing Internet access and from imposing discriminatory Internet-only taxes such as bit taxes, bandwidth taxes, and email taxes. The law also bars multiple taxes on electronic commerce. This Act was meant for the US alone. But in those early years of the www, the US had a paramount piece of the Online economy, whereas for most of the rest of countries, the Internet Economy did not exist, or was so small that it did not deserve attention in fiscal or economic matters. 

As the US was the main supplier of goods and services during the early years of the www, and the rest of countries did not pay much attention to the Online commercial flow, the inter-country taxation issue was taken care of by itself, with a de facto treatment which has meant in many cases that an Online sales is taxed twice (in the country of origin and in the country of destination). Even if this goes against the spirit of the Round of Uruguay's framework for international movement of products and services, no attempts have been made to study or change the matter by the WTO or any other World organization - as far as I know. 

Since the World Wide Web was invented and a digital economy came forward, many products which were "physical" have gone digital, and many others have transformed from product to service. The ever increasing e-Commerce and the new economic paradigm of Cloud Computing have finally made this issue pop up, and it has happened in year 2013. The trigger has been, in all cases, the same product (or service) from the same Company. 

Google's core product is its advertising tool named Adwords. It is invoiced centrally by Google, although with the different currencies of the countries where it is sold. When an Adwords customer signs the terms of contract - digitally, of course - it agrees to pay whatever local taxation might there be. 

Chile had an special income tax passed in 2007 for income of corporations not present in the country which sold services to corporartions or people living in the country. This meant the Chilean IRS (named Servicio de Impuestos Internos or SII) understood that any offshore service done to a resident would be considered as if the service was done locally, and therefore it must pay taxes on profits. Since the profit cannot be determined, it was stated that the tax would be of 35% over sales. This amount should be paid by the Chilean customer on behalf of the foreign company. This fiscal treatment was designed specially for loans given by foreign Banks to local companies, and it affected the interests paid by the local company to the foreign Bank. 

This year the SII decided that this should also apply to sales of Adwords to local corporations, and a fiscalization was done for those corporations which had contracted the service, on a retroactive basis from fiscal year 2010 through 2012. A bunch of small and medium Digital Marketing companies who sold advertising for big companies were caught unaware, to the extent that many of them are facing bankruptcy if the tax were made effective. Hence, an agrupation of entrepreneurs have recently filed the SII for what they regard as a missinterpretation of the income tax passed. 

Chile is a small country, and whatever Google sells there is a minimal part of its overall sales in the World. But Chile is a full Member of the OECD, and has become the first country ever to establish a fiscal policy regarding income taxation of Online services provided by foreing companies not established in the country (Google does have an office in Chile, but it does not sell Adwords). 

Chile has not been the only one to put the issue in the Agenda, though. Italy has passed a bill during year 2013 nicknamed the "Google law" by which Adwords can only be sold by companies established in Italy, thus affected to Value Added taxation as well as Income taxation like any other local company. The law has not been put into effect yet due to protests from the EEC parliament which considers that such fiscal policy should be discussed and approved previously in the European Community. Politicians in France and Germany also pressed their Parliaments during 2013 for introducing the "Google Law" into their countries. And Australian citizens, recently polled, expressed their displeasure for the fact that Google issued its Adwords invoices from a fiscal paradise, and no taxation was left in the country which made Google earn that money. 

So one way or the other the inter-country taxation for Online services and products has at last popped up during 2013, affecting it from different sides. And the consequences it may have for the development of the Internet Economy may be huge, unless the issue is addressed properly and promptly, before it gets too big and too entangled to come to a worldwide agreement. At least, discussions should be opened as soon as possible. 

Adwords is just the tip of the iceberg. A huge effect is coming around through Cloud Computing, the Internet of Things, and the Automation of Knowledge work. According to the Mc Kinsey Report "Disruptive technologies: Advances that will transform life, business, and the global economy", these three technological disruptions will impact the world economy in a value worth 10 to 20 trillion dollars. Most of this new economic value will mean services and products which will be offered from any country to customers all over the world, in an Online basis. This amount involved with the Chilean precedent of 35% taxation over sales as an income tax would be too big a temptation for always-needy tax collection organisms in most countries. Following the principle contained in the Chilean case, it would also affect very small transactions, such as iTunes songs which are sold for less than a dollar.  

If Chile's IRS pledge is confirmed, it would have de facto established a customs duty for foreign Online services of 35% over sales, even though it was intended as an income tax. Local cloud computing companies would be very happy with that state of affairs, local customers less so. It is also worth asking if citizens as well as corporations should be made liable in front of their local IRS authorities on income taxes meant for foreign corporations. Specially in the case of paying 35 cents on each dollar song they bought from Apple!

What if other countries around the world follow the example? After all, it would be a tremendous fiscal revenue source. And paradoxically, it would mean exactly the opposite than what the Internet Tax Freedom Act intended to be. Worst of all, it could affect the free flow of services and products which the Internet has brought about, and which have been so beneficial for creating wealth and jobs, as yet another Mc Kinsey Report (Internet Matters: the Net's sweeping impact on growth, jobs, and prosperity) states. It could make citizens of some countries pay a lot more than citizens from another country for the same service. Or, it could mean some citizens would simply have no access to some services and products which are sold Online.  That would go against all what has been the ultimate goal of the World Wide Web since it was founded: a transparent vehicle for humankind to access to knowledge, culture and wealth. 

Maybe it is a good thing to tap what has happened with Google Adwords in several countries to finally address the taxation issue and work a win/win solution before it is too late. 

Alfredo Barriga
Former Secretary for Digital Development, Chile

lunes, 30 de diciembre de 2013

La pospuesta discusión sobre impuestos en la Economía en Internet

La reciente polémica acerca de la actuación del Servicio de Impuestos Internos (SII), en el sentido de cobrar un 35% a las empresas que contrataron publicidad en Adwords, en concepto de impuesto adicional, trae a colación una discusión muy antigua y continuamente pospuesta en el ámbito mundial respecto de la Economía de Internet: el cobro de impuestos. 

El problema surge de la naturaleza misma de Internet. Imaginemos un sitio Web que vende productos al mundo. La empresa que vende está en España. El servidor donde está el sitio Web está en Estados Unidos. La persona que compra está en Chile. ¿Dónde se produjo la venta? ¿Quien tiene que recaudar IVA? ¿Quien paga impuesto sobre utilidades? Porque resulta que "físicamente" la tienda esta en Estados Unidos, "físicamente" la compra se hizo en Chile, y "físicamente" la venta se hizo en España. La empresa de hosting de Estados Unidos, a su vez, vendió en Estados Unidos un servicio de hosting a la empresa española. "Físicamente" la venta se realizó en Estados Unidos, pero la compra se realizó en España. 

Este tema surgió ya en los albores de la Internet. En 1998 la Administración Clinton sacó la denominada "Internet Tax Freedom Act", que no resolvía el quid de la cuestión, sino solo evitaba que se crearan más impuestos

Chile no es el primero que pone el tema en la agenda respecto del gigante USA (Google). Italia aprobó recientemente un impuesto denominado "Impuesto Google", pero el 28/12/2013 anunció que postergó su aplicación hasta julio del 2014, debido a que levantó protestas en otros países de la CEE. El enfoque de Italia fue criticado por la Comisión Europea, que expresó dudas sobre su legalidad antes de que fuese aprobado por el Parlamento. Sin embargo, políticos de Francia y Alemania están presionando a sus respectivos gobiernos para que también adopten una imposición a las ventas de Google. Con eso, serían ya 4 países que estarían detrás del mismo tema con la misma empresa (Chile, Italia, Francia y Alemania). Google debería estar preocupado, a menos que recupere lo pagado (¡el 35% de lo que vende!) con su declaración de impuestos en Estados Unidos - debido a convenios de doble imposición. Y, entonces, va a ser el IRS (SII de Estados Unidos) el que no va a estar nada de contento. ¿Se imaginan que todos los servicios de impuestos de los países donde Google vende hacen lo mismo que el SII chileno? Serían miles de millones de dólares que el IRS no recaudaría - porque se lo queda el país donde se hizo la venta). Y si no hay convenio de doble imposición, sería una pérdida directa a la última línea de la Cuenta de Resultados de Google. ¡El 35% de lo que vende!. Eso tendría efectos demoledores en su cotización en bolsa.

Pero Google es solo uno de miles de servicios que deberán pasar por el mismo problema. Con el advenimiento del Cloud Computing, la figura de "venta de servicios a empresas de otro país donde no estamos operando físicamente" se va a multiplicar. 

Desde el mismo momento en que se puso en marcha la www y aparecieron los primeros grandes emprendimientos, como Amazon, surgió el tema de los impuestos a las ventas y a las utilidades de estas empresas punto com. El nuevo paradigma supuso que empresas no registradas en un país llevasen a cabo actividades económicas afectas a impuestos sobre transacciones (IVA) y sobre utilidades (primera categoría, en el caso de Chile). Bajo la legislación fiscal de casi todos los países del mundo, dicha actividad está afecta a tributación, y por lo tanto correspondería gravarla. El punto es cómo y por qué. Y la decisión que se tome al respecto va a tener consecuencias en el desarrollo de la economía en Internet. Hay varios escenarios y soluciones al respecto. 

Antes de comentarlos, quiero decir que lo que está vigente actualmente en Chile (un impuesto adicional del 35% sobre las ventas) no está, bajo mi punto de vista, entre las soluciones racionales. En primer lugar, porque en la recaudación de un impuesto que grava las actividades de una empresa extranjera se hace responsable a la empresa (¡o persona, ojo!) que compra los servicios. En segundo lugar porque es discriminatorio y vulnera los principios de libre competencia. Efectivamente, supone un impuesto especial a proveedores extranjeros de servicios (y es un porcentaje sobre lo vendido, no sobre la utilidad), que les encarece sus tarifas respecto de servicios equivalentes con origen en Chile. Bien para las empresas chilenas, que tienen una "protección" del 35%, pero mal para el consumidor chileno, que tiene que pagar una suerte de "derecho de importación" por esos servicios... ¡a pesar de que con el país de origen hay un tratado de libre comercio! Se podría argumentar que el efecto sobre el precio sería neutro si hubiese convenio de doble imposición entre Chile y Estados Unidos, y - por lo tanto - Google lo descontara de su impuesto a pagar al Tío Sam. Pero en ese caso éste tampoco va a estar contento con que una parte de "su" recaudación haya terminado en manos del SII.

Creo que tarde o temprano esta solución va a acabar en la Organización Mundial de Comercio, por lo complejo que tiene y lo que hay en juego para el libre tránsito de servicios y mercancías que ha traído Internet.

Estos son los escenarios posibles que se me ocurren:

1) Que las empresas abran una sucursal en el país que deseen operar. Google tiene oficina en Chile, con RUT propio, y podría por lo tanto facturar toda la publicidad en Adwords que se contrate para empresas chilenas, con su correspondiente IVA. Como empresa chilena, pagaría su impuesto de primera categoría (impuesto sobre utilidades), y si hubiese un convenio de doble tributación entre Chile y Estados Unidos, Google podría recuperar el impuesto pagado cuando haga su declaración en dicho país. Este es, en el fondo, la posición de Italia. Curiosamente el IRS norteamericano no ha dicho nada, porque supone que se trata de ventas extranjeras 

Esta solución, en nuestra opinión, frena el desarrollo del Cloud Computing. Tal vez para Google y otros pocos jugadores mundiales tenga sentido poner una filial en cada país donde venden, pero para el resto de las empresas que venden servicios Cloud no es rentable, dado que necesitan tener una masa crítica de ventas para que compense poner la filial. Y si no pueden vender porque no tienen filial, jamás conseguirán la masa crítica, con lo cual dichos servicios no se podrían vender en ese país. Hablando en plata, de tomar ese camino, Chile perdería una parte considerable de los beneficios que trae la oferta de servicios Cloud (arriendo de software y aplicaciones, arriendo de capacidad de procesamiento del tipo "pague cuando use", etc.). 

2) Que las empresas extranjeras paguen el impuesto a las transacciones y que los compradores hagan de agente retenedor. Tiene la virtud de poner en igualdad de condiciones las ventas desde el exterior con las ventas de empresas chilenas, que están afectas a IVA. Tiene el inconveniente que se llegaría al absurdo de que una persona natural que compre una aplicación cloud de un dólar tenga que transferir al fisco 19 centavos de dólar (IVA del 19%). Y el SII tendría que armar una aplicación en Internet para que ese trámite se pueda hacer Online. Hacerlo de otra forma es simplemente patético, a mi modo de ver. 

3) Que las empresas extranjeras paguen el impuesto a las transacciones directamente: eso supondría que, por ejemplo en el caso de Google, una vez se emite la factura desde la aplicación de Google, se le añade el 19% de IVA (que es lo que tiene que pagar el cliente) y Google es responsable de enviar al SII el IVA. De esa forma, aunque no tuviese una filial en Chile, estaría pagando igualmente el IVA sobre servicios prestados en Chile. Requiere de un proyecto de ley (creo que de mayoría simple). Tiene el inconveniente, para el SII, de que deja pendiente el tema del impuesto sobre la renta. Y aquí es donde se enreda la solución. 

Efectivamente, en el caso descrito, Google tuvo una utilidad sobre una venta realizada en Chile a un residente chileno. Pero, ¿es así? Si la publicidad que la empresa chilena contrata en Adwords es para mercados externos a Chile, ¿no tendrían los países externos el mismo argumento a su favor? Porque en Internet una cosa es la materialidad del servicio (quien lo compra) y otra la funcionalidad (para qué lo usa). Al final del día, ¿donde se produjo la venta? ¿En el "qué" o en el "cómo"? Y si eso es así, se abre una casuística que puede ser interminable, pero que tiene partidarios en todas las posiciones. Y esto afecta al comercio mundial, que crecientemente se va a hacer por Internet. Y pone en cuestionamiento una parte no despreciable de los acuerdos sobre comercio internacional de la Ronda de Uruguay. 

Durante la cumbre de la OMC en Seattle, se hizo el primer track de Comercio Electrónico, al cual fui invitado como representante del sector privado de América Latina. Allí puse el tema en la mesa, y propuse una solución que fue comentada en la versión digital de la BBC: que existiera un único impuesto mundial sobre todas las ventas, que se reparte en partes iguales entre el país del vendedor y el país del comprador. Un amigo gringo me dijo que era impracticable porque, al menos en Estados Unidos, hay impuestos federales, estatales y locales que gravan la misma venta. Aunque el Gobierno USA estuviera de acuerdo con el principio, la pelea posterior por saber qué parte se queda el gobierno federal, qué parte el gobierno del Estado y qué parte el gobierno municipal lo haría impracticable. 

El hecho concreto es que llevamos 20 años desde que se inventó la Web y el tema no está resuelto. Volví a plantearlo cuando representé a Chile en el OECD High Level Meeting for the Future of the Economy of the Internet, en junio de 2011. Me hicieron un educado "tomamos nota", y eso sería. Luego me di cuenta por qué: el status quo beneficia a las grandes potencias, que no han perdido impuestos por la venta de sus productos y servicios vía Internet - de los cuales son más vendedores que compradores. ¿O no sabía Ud. que cuando compra un libro en Amazon paga impuestos en Estados Unidos, además de lo que paga en Chile? ¿Y que esa práctica está en contra de los acuerdos sobre comercio de la OMC? 

Por lo visto, Chile va a ser el primer país en el mundo en aplicar efectivamente un "impuesto Google". Somos un país muy chico, pero somos Miembros de la OCDE, y esto no va a "pasar piola". Será interesante ver las repercusiones mundiales que pueda tener.

Alfredo Barriga

jueves, 26 de diciembre de 2013

Google Adwords, SII y el futuro del Cloud Computing en Chile

La Asociación de Emprendedores de Chile (ASECH) ha entablado una demanda al Servicio de Impuestos Internos (SII) por cobrarle a empresas PYME que son agencias de marketing digital un 35% más intereses y multas de todos los pagos realizados entre 2010 y 2012 a Google por la contratación de campañas publicitarias en dichas plataformas. Para la mayoría de las empresas afectadas ese 35% con intereses y multas significa el cierre, ya que ese es el orden de magnitud en márgenes brutos sobre campañas en Adwords. 

El SII simplemente ha aplicado la ley, pero con muy poco criterio. Una vez más estamos ante una situación manifiestamente injusta donde al final paga el más débil. Y con consecuencias macroeconómicas que quizá el Ministerio de Hacienda no ha considerado. 

Llamé a Google para saber qué solución están dando al problema. El resultado: si has gastado más de US$5,000 en los últimos 90 días mediante tarjeta de crédito, pagas el 35% y con el comprobante (digital) Google te lo abona en tu tarjeta de crédito. Me dijeron además que cuando firmamos el contrato digital, se establecía que los impuestos locales son por parte de las empresas que contratan la publicidad. Solo que este no es un impuesto local a los compradores de publicidad online offshore (fuera de Chile), sino a las empresas offshore que venden servicios a las empresas chilenas. Las empresas grandes, con el respaldo de buenos abogados fiscalistas, ya habían llegado a ese modus operandii con el gigante USA. Las empresas chicas... "disculpe que no podamos darle una solución, pero no la tenemos. Ud. debe pagar el 35%" (textual) 

La solución que propuse en Twitter: que haya un acuerdo entre Google y el SII por el cual Google cobra el 65% de las facturas y entera el 35% restante al SII. 

Pero esta es una solución de parche. El problema de fondo - y uno muy grave - es que con esta legislación fiscal estamos dejando a Chile fuera de la revolución del Cloud Computing. 

Me explico: las empresas llegarán a un acuerdo con el SII para hacerlo más sencillo para sus clientes, pero aumentarán las tarifas a empresas chilenas, encareciendo sus costos. Con lo cual, una empresa chilena compitiendo con una empresa del cualquier lugar del mundo por publicidad para conseguir más ventas vía buscadores, estará en situación de competencia adversa por culpa de este impuesto del 35%. 

Y no se trata solo de Google y Adwords. Si esto es aplicable a Adwords, se sienta un precedente para aplicarlo a TODOS los servicios que empresas extranjeras entregan a personas físicas o jurídicas de Chile vía Internet, lo cual se constituye, en definitiva, en un impuesto discriminatorio que encarece el consumo vía Internet, perjudicando finalmente no solo a empresas sino a las personas. Según ese principio, una persona que compra una canción en iTunes o compra WhatsApp por US$0,99 debería pagarle al SII US$0,35. O sea, los consumidores y las empresas chilenas tendrán que pagar un 35% más de costo por cualquier servicio que consuman vía Internet de proveedores extranjeros, y según está el procedimiento ahora, cada vez que lo hagan deberán pagar un 35% más. Lo cual, en definitiva, es un impuesto sobre Internet, y una estupidez administrativa para pagar 182 pesos al SII por una compra de US$0,99 (el 35% en pesos del equivalente a US$0,99). Eso atenta contra la libre competencia, y puede ser también visto como un arancel encubierto a servicios prestados por empresas extranjeras, con lo cual el Estado de Chile podría estar incumpliendo tratados comerciales ya firmados. 

La solución final viene por un reconocimiento por parte del SII de que la compra de servicios vía Internet a proveedores externos a Chile equivale a una compra local de servicios, y debería estar afecto al mismo impuesto que todo el resto de los artículos: un 19%. A contrari sensu, las ventas de empresas chilenas de servicio a personas o empresas fuera de Chile deberían estar eximidas de IVA, igual que con cualquier exportación, o tener a lo sumo una retención del 10%. 

Finalmente, en la medida en que una parte cada vez mayor de las compras de personas y empresas se vaya haciendo Online sobre una base globalizada, la tasa interna de impuestos a las ventas de productos y servicios de un país determinará crecientemente la competitividad de dicho país, algo de lo que el SII debería tomar cumplida nota, o de lo contrario, por un afán recaudador de corto plazo, acabaremos dejando a Chile fuera de la economía del siglo 21, que corre por Internet. 

Este caso va abrir una caja de pandora en el tratamiento fiscal de servicios Online. Es un problema que ya pronosticamos tan lejos como el año 1999 en la cumbre de la OMC en Seattle, donde propusimos un impuesto único y plano para todas las ventas en Internet, a ser repartido entre país comprador y país vendedor (ver "a transaction tax"). Volví a sacar el tema 12 años después en la alta reunión para el futuro de la economia en Internet de la OCDE (París, Junio 2011) pero los países grandes no lo apoyaron (tendrían que compartir impuestos...) 

Es de esperar que el Gobierno tome cartas en el asunto cuanto antes, o estaremos disparándonos un tiro a los pies en materia de incorporarnos a la Economía en Internet. 

Alfredo Barriga

lunes, 4 de noviembre de 2013

Agenda Digital: raya para la suma

Habiendo ya transcurrido 4 años desde que se hizo la última campaña presidencial, donde el tema de la Agenda Digital fue, por primera vez en nuestra historia, un tema relevante para el candidato que luego fue presidente, es momento de hacer Balance.

El relato de Sebastián Piñera fue, y sigue siendo, de que Chile llegó tarde a la revolución industrial y por eso quedó entre los países en vías de desarrollo, razón por la cual no podía llegar tarde a la revolución digital. Para ello preparamos un programa que se lanzó ante la industria TIC en agosto de 2009. La mayoría de las medidas anunciadas en dicho programa se pusieron en marcha. Pocas se han concluido, porque devinieron en un mayor esfuerzo del que se pensó inicialmente (y asumo la responsabilidad en ello, como experto de confianza del candidato). Muchas que no estaban se generaron con posterioridad, y varias de ellas se ejecutaron hasta su término. Se avanzó mucho, pero no alcanzó para ser una revolución digital.

En la suma quedan el proyecto Chileatiende, que cambió el paradigma de atención del Estado al ciudadano; la consolidación de la plataforma de interoperabilidad del Estado, que tenía 7 instituciones en marzo de 2010 y terminará con casi medio centenar; la ley de neutralidad en la Red, convirtiéndonos en el primer país en el mundo en tenerla; la primera licitación del espectro 4G; los más de 1.300 pueblos con Internet; el incremento en la penetración de banda ancha fija en los hogares desde un 25% a un 40% (50% si se suma Banda ancha móvil); la licencia médica electrónica; la nueva institucionalidad de la estrategia digital unida a la Subtel (aunque con gusto a poco); la incorporación del nuevo paradigma de la Khan Academy en 1.000 colegios municipales, y la empresa en un día, que es un primer paso para la institucionalización del uso de la firma electrónica. En veremos quedan la ley de teletrabajo, la supresión del impuesto a la importación de software, la publicación en medios digitales de hechos que hoy se deben publicar en el Diario Oficial, el proyecto de ley de datos personales, y la obligatoriedad en el uso de la factura electrónica. Todos ellos, enviados al congreso y “siguiendo su curso”. Considerando lo poco que los honorables entienden o se entusiasman con las TIC, va para rato – y ojalá me equivoque. Pero el gobierno cumplió con su parte.

En la resta quedaron fuera los dos proyectos verdaderamente impactantes del programa: el subsidio a la demanda en banda ancha y el subsidio a la compra de un computador, ambos para los segmentos menos favorecidos del país, que estaban – y siguen – fuera del mundo digital. La razón que se dio estuvo en el terremoto y en el perfeccionamiento del mercado como condición previa para entregar subsidios, considerando los costos de la banda ancha en Chile.  Me alegro por ello de que tanto en la Estrategia Digital 2020 como en el programa de Evelyn Matthei se ponga una meta de penetración de banda ancha del 80% de los hogares para el año 2020. Lo echo en falta en el Programa de Michelle Bachelet.

Pienso que “el proyecto” que cambiará a Chile es el de banda ancha para todos los hogares y empresas, con subsidio a la demanda. Los chilenos han demostrado ser buenos usuarios de Internet, cuando en Internet hay cosas que interesan de verdad a los chilenos. La tasa de penetración de Facebook (más del 100% de los usuarios de Internet… en apenas 5 años) es una muestra de ello. El tener al 96% de la población bancarizada usando banca electrónica es una muestra de ello. El que un 93% de los contribuyentes paguen sus impuestos a la renta vía Internet es una muestra de ello. Si nos centramos solo en sacar adelante ese proyecto cuanto antes, volcando todas las energías al mismo, el resto vendrá por añadidura. La economía en Internet está creciendo a tasas de dos dígitos, y si todos están conectados estaremos incorporándonos realmente a dicha economía. Los beneficios de usar Internet quedarán exponencialmente expuestos.

Hoy nadie objeta el costo de tener un celular. El acceso a Internet a través de smartphones – que de aquí a 5 años serán el 90% de los equipos – hace el costo de dicho acceso marginal, y los beneficios muy superiores a los de solo el servicio de voz. En este proyecto pienso que debería haber un esfuerzo público-privado. Las TELCO deberían armar planes de $5.000, con limitaciones en cuanto a tráfico, y vendidos a costo. La evidencia empírica muestra que a poco andar la mayoría de los usuarios de esos planes básicos se pasa a planes de mayor valor agregado y rentabilidad. Se podría añadir además a esos planes a costo un "churn" de dos años como requisito.

La revolución digital aún es posible, y requiere solo de un buen proyecto en el cual de verdad pongamos todas las fichas y no solo marketing.

Alfredo Barriga

lunes, 22 de julio de 2013

Las tecnologías que generarán una economía del tamaño de Estados Unidos para el 2025

Se acaba de lanzar un nuevo reporte del prestigiado Mc Kinsey Global Institute. Esta vez sobre las doce tecnologías disruptivas que tendrán mayor impacto de aquí al año 2025. Para elegir estas doce tecnologías – de todos los campos del saber – se les pidió 4 características:
  • La tecnología debe demostrar tener avances rápidos y persistentes en el tiempo, con fuertes mejoras año a año en productividad y costos
  • El alcance del impacto potencial es amplio: para ser económicamente disruptiva, una tecnología debe tener un alcance amplio, afectando a un vasto número de productos, servicios y dispositivos. Por ejemplo, la banda ancha móvil podría impactar en cómo 5 mil millones de personas organizan sus vidas, dándoles acceso a emprendimientos no soñados hasta ahora.
  • El uso de la tecnología afectaría a un valor económico significativo: la contribución a la economía debe incrementar el PIB mundial y ser superar el impacto negativo en actividades existentes y obsolescencia en capitales que traiga la disrupción
  • El impacto económico es potencialmente disruptivo: las tecnologías que importan son aquéllas que pueden cambiar dramáticamente el status quo. Pueden transformar la forma como las personas viven y trabajan, crear nuevas oportunidades de negocio, y traer crecimiento o ventajas competitivas a las economías 

Las doce elegidas, tras un minucioso análisis, tienen el potencial de afectar a miles de millones de consumidores,  cientos de millones de trabajadores, y trillones de dólares en actividad económica transversalmente en la economía. El cuadro siguiente muestra los resultados:


Como se puede ver, 5 de las doce tienen que ver directamente con Tecnologías de la Información (Internet móvil, automatización de trabajo del conocimiento, Internet de las cosas o IPv6, cloud Computing e impresión 3D) y otras 2 más están indirectamente relacionadas (robótica avanzada y vehículos autónomos, que requieren de un fuerte componente de inteligencia artificial y programación). El 100% están relacionadas con la Sociedad del Conocimiento, por si alguien aún a estas alturas sigue pensando que este término es más académico que real.

El resultado será una demanda enorme por profesionales del conocimiento y una nueva revolución en la productividad, que llevará a las naciones y empresas que adopten las nuevas tecnologías a niveles de negocio nunca vistos. Cientos de millones de puestos de trabajo serán destruidos y cambiados por cientos de millones de nuevos perfiles de trabajo. Nuevas carreras universitarias se crearán con notable éxito – si es que la demanda por estos profesionales sigue siendo atendida por las Universidades, cosa que dudo. Miles de millones de personas en todo el mundo tendrán acceso a actividades económicas que hasta ahora les estaban vetadas, gracias a que tendrán la posibilidad de acceder a capacitación directa y de muy bajo costo.

En total, el impacto calculado para estas 12 tecnologías equivale a entre 1 y 2,5 veces el PIB de Estados Unidos. La pregunta que cualquier país y cualquier empresa con dos dedos de frente debería hacerse frente a esto es “¿cómo voy ahí?”

Las naciones que armen sus políticas públicas para sacar el mayor beneficio posible de este aluvión tecnológico que va a dominar el siglo 21 tendrán una oportunidad única de pasar al desarrollo, generar puestos de trabajo de alto valor para sus ciudadanos y reducir la brecha de ingresos entre sus ciudadanos.

Me pregunto qué naciones de habla hispana – donde el valor económico de la tecnología y de los intangibles no es muy apreciado – serán capaces de estar entre las que aprovecharán plenamente el potencial que traerán estas doce tecnologías.

Alfredo Barriga

miércoles, 12 de junio de 2013

Big Data, Great Data y Agenda Digital

Es ya un hecho empíricamente demostrado que la buena información permite la toma de mejores decisiones, y eso se aplica tanto en el sector privado como público. El nuevo paradigma del “Big Data” permite nuevos horizontes al respecto, y va a generar una brecha entre empresas y países donde sean capaces de generar, procesar y analizar Big Data de los que no sean capaces de hacerlo, porque la inteligencia de negocios que es posible gracias al Big Data es de órdenes de magnitud mejores de lo que hemos visto hasta ahora.

La capacidad de creación de datos que entrega Internet ya ha superado los “números que tienen sentido”, duplicándose cada 40 meses desde los años 80. Según datos de 2012, cada día se crean 2,5 x 1018 bytes de datos, equivalentes a 31,25 mil billones de caracteres. En la medida en que más dispositivos electrónicos se incorporan a Internet, estas cifras no harán más que crecer. Los datos ya son de tal tamaño y variedad que no pueden ser manipulados con los motores de bases de datos que hoy existen.

Sin  embargo, hay datos que están más al alcance y que, sin llegar a las dimensiones del Big Data, entregarían una información espectacular para, por ejemplo, políticas públicas y análisis económico.

Un campo donde definitivamente hay mucho de eso es en el sector salud. La recién elaborada Agenda Digital de Salud 2020 apunta entre sus ejes fundamentales hacia la captación correcta de datos, que hoy está muy fragmentada, en muchos casos es inexacta y en otros ni existe. Y sin embargo, llevando una buena recolección y clasificación de todas las prestaciones de salud que se dan a través de FONASA se podría dar un salto enorme en la gestión de salud. Las estadísticas que hoy se elaboran son insuficientes. Si en vez de grandes categorías de prestaciones tabularan por cada código de arancel de FONASA, la riqueza de la información cambiaría radicalmente. Si además se incorporase a esta “Big Data” la trazabilidad de procesos médicos vía herramientas de workflow o BPM, estaríamos definitivamente ante una cantidad y calidad de información que permitiría una verdadera revolución en la salud pública, además de una mejora sustancial en la eficiencia en el uso de recursos financieros del Estado en esta delicada materia. Apoyar todos los proyectos de la Agenda Digital de Salud 2020 es por ello clave si se quiere realmente mejorar.

Otra fuente enorme de datos, esta vez como insumo de políticas públicas económicas está en el SII. Aquí sin embargo no hay una agenda de desarrollo de Big Data, porque está enfocada a la recaudación. Sin embargo, la base de datos del SII tiene el RUT de todos los contribuyentes, tanto personas físicas como jurídicas. Además, cada RUT tiene asignado un Código Nacional de Actividad Económica (CNAE). El SII podría producir datos en bruto de inestimable valor, cambiando levemente la estructura de los formularios de renta tanto de las empresas como de las personas, que están orientando a la recaudación de impuestos, y podría servir para la generación de datos de actividad económica del país, que podría dar información, por ejemplo, de la evolución en el endeudamiento de las empresas por tamaño y CNAE. Introduciendo la factura electrónica obligatoria, la data da un salto cuántico en calidad de información. Cada vez que alguien factura a alguien, el SII sabe el CNAE del emisor y el receptor. Con ello podría generar el PIB de cada sector de la actividad del país, e incluso mejor, sacar cuentas nacionales por cluster de actividad.

Me explico: de todos es conocido que la actividad minera es crucial en nuestra economía. Pero no tenemos datos para saber realmente qué tan crucial es. ¿Qué porcentaje de la actividad de los Bancos por ejemplo va a parar a la Minería? ¿Cuántos otros servicios, de qué tipo y por qué importe se entregan hacia este sector? Se podrían confeccionar “mapas de CNAE” donde se viese gráficamente cuales sectores de la actividad económica “alimentan” y “dependen” de otros sectores de la actividad económica. Con estos datos, se podrían realizar políticas públicas económicas enfocadas a “clusters” basados en información fidedigna y traceable.

Son solo dos pinceladas del enorme potencial que encierra el “Big Data” (que no sería tampoco tan “big”) en la entrega de información para la generación de políticas públicas enfocadas a un país más competitivo, con mayor riqueza y más justicia en su reparto.


Alfredo Barriga